La visión de Dong Zhongshu sobre Rectitud y Benevolencia: raíces de la ética confuciana en la dinastía Han.

 La visión de Dong Zhongshu sobre Rectitud y Benevolencia: raíces de la ética confuciana en la dinastía Han.


En esta ocasión, abordaremos las nociones de la benevolencia (仁 - ren) y la rectitud o justicia (義 – yi), buscando una definición bajo la óptica del filosofo confuciano Dong Zhongshu y su libro “Chun Qiu Fan Lu”, específicamente su capítulo "Benevolencia, Rectitud y Ley (仁義法), el cual ofrece una descripción clara y filológica de los términos. 


1. Origen filológico y sentido moral. 


El filosofo, expone que la benevolencia es una virtud orientada hacia los demás, mientras que la rectitud es una virtud que regula el propio comportamiento. En su análisis, el caracter “仁" (ren) se compone en base a la palabra “persona” (人), aludiendo su vocación hacia el prójimo, mientras que el carácter “義” (yi) incorpora la palabra “yo” (我), indicando su conexión con la conducta personal. 


Dong resume esta distinción con una fórmula memorable y profunda:


“Con la benevolencia se trae paz a las personas; con la justicia se endereza uno a sí mismo.”


El benevolente, tomando otro texto complementario de Dong (Debe ser a la vez benevolente y sabio - 必仁且知), ama profundamente a los demás, es cuidadoso y conciliador, no busca disputas. En cambio, la rectitud se describe como corregirse a uno mismo. 


En resumen, podemos expresar su enseñanza en los siguientes términos:


• La benevolencia (ren) tiene como centro al otro, al prójimo, al semejante. Es el amor que se expresa en el trato compasivo y armonioso hacia las demás personas.

• La justicia o rectitud (yi) tiene como centro al yo, es decir, a uno mismo. Es el principio de autocorrección y el perfeccionamiento moral desde el interior.


2. La perversión funcional de 仁 (ren) y 義 (yi) en la práctica común. 


En la práctica, Dong Zhongshu expone que muchas personas llegan a hacer una inversión de los papeles entre la benevolencia y la rectitud. En lugar de ejercer la benevolencia (ren) hacia los demás y aplicar la justicia (yi) sobre uno mismo —que es la disposición correcta según su sentido original— se invierten los papeles y las personas tienden a amarse a sí mismas bajo el nombre de ren y a corregir a los demás bajo el nombre de yi. Esta inversión funcional pervierte el principio ético y subvierte su orientación natural. La consecuencia de esta inversión es el caos ético. Aunque las personas no deseen activamente el desorden, lo producen al aplicar las virtudes de manera errada, porque no comprenden su ubicación ni su función.


Dong lo expresa con claridad en el siguiente pasaje:


“Si yo no me corrijo a mí mismo, aunque pueda corregir a los demás, no se me puede considerar justo. Si los demás no reciben mi amor, aunque yo me ame profundamente, no se me puede considerar benevolente.”


La advertencia de Dong Zhongshu adquiere aún mayor profundidad cuando afirma que quien dice amar al pueblo debe extender su amor incluso a aves, bestias e insectos. Si tal extensión no existe, entonces ese amor no puede llamarse benevolencia. Esta afirmación eleva ren a una virtud verdaderamente universal, cuya validez ética no se limita a lo humano ni a lo cercano, sino que debe abarcar todo lo viviente. Esta concepción resulta extraordinariamente rara en el canon confuciano tradicional y no se encuentra formulada de manera tan explícita en ningún pensador anterior.


Así lo formula Dong Zhongshu:

“Si uno afirma amar al pueblo, el amor debe extenderse desde los humanos incluso hasta aves, bestias e insectos: no debe haber exclusión. Si no hay tal amor, ¿cómo puede llamarse benevolencia?”


Asimismo, Dong Zhongshu señala que la benevolencia (仁) no debe limitarse únicamente a quienes están cerca —como los ciudadanos de nuestro propio estado—, sino que debe extenderse hacia los lejanos, siendo esta una condición esencial del buen gobernante. Esta visión refleja una ética expansiva:


“Quien ama a los lejanos es más virtuoso, y quien ama solo a los cercanos es menos noble: eso es lo que define el amor.”


3. La sabiduría como previsión moral. 


Además de sus desarrollos conceptuales sobre la justicia (義) y la benevolencia (仁), Dong Zhongshu ofrece también una definición clara y operativa de otra virtud fundamental en el confucianismo: la sabiduría (智, zhì).


Para Dong, la sabiduría consiste en la capacidad de prever el daño antes de que ocurra, y en actuar a tiempo para evitarlo. No es una sabiduría meramente especulativa, sino práctica, ética y orientada al bien público:


“Si uno salva temprano y se adelanta, entonces el daño no llega a surgir, y no hay daño en todo el mundo. (...) Por eso, prevenir el daño anticipadamente es sabiduría.”


Este enfoque resalta una visión estratégica y compasiva de la sabiduría: prever los brotes del caos y actuar antes de que el daño se materialice.


En un capítulo complementario titulado “Debe ser a la vez benevolente y sabio” (必仁且知), se profundiza aún más esta noción, definiendo la sabiduría como el discernimiento anticipado y la planificación correcta:


“Quien desea emprender algo, primero reflexiona con su sabiduría antes de actuar. (...) El sabio ve la fortuna y el desastre desde lejos, reconoce pronto el beneficio y el perjuicio.”


“La sabiduría (智) es lo que nos permite eliminar el daño.”


En este sentido, la sabiduría es previsión moral y juicio estratégico al servicio del bien común, una virtud que permite al gobernante no solo reaccionar, sino actuar antes que el mal se concrete. 


4. La interrelación con otras obras confucianas:


Confucio enseña que la virtud de benevolencia implica un esfuerzo moral por realizarse uno mismo y, simultáneamente, ayudar a los demás a realizarse. Esta virtud no es solo afecto o compasión, sino una capacidad ética profunda de autoconciencia y reciprocidad: actuar con los demás como desearíamos que actúen con nosotros. Tal actitud constituye la forma más elevada de conducta moral.


De esa forma, Confucio menciona:


“Aquel que posee la virtud de benevolencia (仁, ren) busca establecerse a sí mismo, y al hacerlo, también procura establecer a los demás, Desea conocer los principios de las cosas, y en seguida hacerselo conocer a los demás hombres. (…) Tener suficiente dominio de uno mismo como para juzgar las acciones de los demás tomando como referencia nuestras propias aspiraciones, y actuar con ellos como desearíamos que se actuase con nosotros: esto es lo que puede llamarse la doctrina de la humanidad. No hay nada más allá.” (Confucio, Lunyu).


Zisi, nieto de Confucio, concibe la justicia (義, yi) como equidad, entendida como la capacidad de otorgar a cada quien lo que le corresponde o conviene. en armonía con el conjunto del orden social. Esta equidad se manifiesta como primer deber en saber honrar a los sabios conforme a sus méritos.

Zisi lo expresa con la siguiente frase:

“La justicia es la equidad; es dar a cada uno lo que le conviene.” (Zisi, Zhongyong, capítulo XX).


En síntesis, la ética de Dong Zhongshu refuerza las nociones de benevolencia (仁) y rectitud (義) como principios morales fundamentales del pensamiento confuciano durante la dinastía Han, complementando las ideas de los filosofos confucianos anteriores. Su propuesta de extender la benevolencia hacia los animales es profundamente original y avanzado.

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